Las principales casas de subastas del mundo reúnen a multimillonarios con el bolsillo repleto de dólares a la caza de un Picasso, un Van Gogh, un Klimt. El dinero es lo de menos, lo que cuenta es el objeto, en este caso, la obra, el mito que la creó, el decir: "es mía". Es que el mercado del arte nunca ha entendido, ni entenderá de crisis.
"La gente que tiene dinero entiende el arte como una manera de invertir de manera segura su dinero", asegura el crítico de arte Jason Edward Kaufman. "Esa misma gente está dictando la jerarquía de valores en el campo del arte, pero no son expertos en estética. Está comprando en términos de inversión y no de valores artísticos".